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miércoles, 17 de julio de 2013



-Crítica teatral.-

"Edipo cumple años-la frívola tragedia de un hombre olvidable"

(Fotos de Carolina Niklison)

Ficha Técnica.
Dirección: Adrián Airala- Ariel Gaspoz.-
Actor en escena: Adrián Airala.


Vista: 11 de Julio de 2013.-Sala Cervantes. Centro Cultural ATE Casa España.
En el ciclo “Los jueves me quedo en casa”.
-La ley de la fatalidad.-

“El hombre construye fortalezas a su alrededor, con la expresa intención de alejarse de la naturaleza. Él dirá que es por protección, pero todo lo que hace es cortar de cuajo sus raíces. La memoria es su ancla, materia  que le recuerda que de la tierra viene y hacia ella volverá. Pavimentará entonces los continentes para que sus pies nunca más la toquen, tal vez así se olvide de reclamarlo llegado el momento. Nuevamente dirá que era necesario. Por último, en su afán de supervivencia, clausurará el cielo y las nubes porque sus dioses ya no están ahí. Se quedará solo. Cavernario. Oscilando en una vida artificial, escindido de él mismo y los demás. Reclamará por todo lo que cree que le pertenece. Se asfixiará. Renegará de todo lo que creó. Se dará cuenta que aquello en lo que alguna vez puso tanto empeño en dejar atrás y ahora quiere recuperar ya lo ha olvidado. La tierra no lo reclama. El cielo no lo espera. Ha sido desterrado al olvido”

Edipo Tálamo, hombre futurista pero postmoderno, es uno de ellos. Recluido en su sector cómodamente diseñado por “la agencia” (organización corporativa suplente de las sociedades) dispone, por todos los medios posibles, asegurarse la asistencia de los invitados a la celebración de su cumpleaños. Conoce sus agendas. Sabe sus movimientos. Está seguro de que ninguno tiene compromisos asumidos de antemano. Sin embargo, todos rechazan su invitación. Primer y fatal error: obviar la voluntad de los demás. A medida que más eslabones se agreguen a esta cadena de malas decisiones mayor será la fatalidad.
La construcción de un ambiente tecnológico como medio en el que se mueve este personaje es el rasgo más sobresaliente de la puesta en escena, elemento que constituye estéticamente a la obra y que se denota, por ejemplo, en los colores de los objetos que manipula el actor, que van del negro al gris y el metalizado. Las luces, el sonido y escenografía también están pensadas a partir de este criterio. Otros dos elementos de mayor envergadura que  inciden en los sentidos de la obra, a la vez que forman parte de los relatos que esta tiene, son las proyecciones en pantalla y la voz del actor por micrófono.
Diseñar una disposición espacial que soporte estos requerimientos escénicos en una sala incidental (la puesta no fue  pensada desde un primer momento para esta en particular) es una empresa difícil. La adaptación puede favorecer o desfavorecer o potenciar o disminuir hasta el más mínimo detalle en cualquiera de los aspectos de la obra.
En la separación entre el público y la escena, también rodeándola,  queda situada una estructura de metal que no cumple otra función que la de sostener el proyector y los aparatos lumínicos. Sin embargo, a medida que la obra avanza este detalle incidental adquiere una significación: el espacio escénico como caja artificial dentro de un entorno natural que el personaje construyó para sí. El efecto que produce en el espectador es el de un hombre que se recluye, que asume una nueva identidad, imponiéndola sobre su cuerpo. Por supuesto que estos sentidos no se desprenden exclusivamente de este detalle, sino que refuerza los que la obra de por si despliega.
El cruce entre teatro y arte digital provoca un elemento disruptivo que se traslada a diversos aspectos: lo textual, dramático y sobretodo, lo actoral. Esta ruptura está en experimentar con uno de los más grandes temas a los que la especie humana se vio enfrentada desde sus orígenes: la naturaleza. Edipo suplanta lo biológico por lo tecnológico con la esperanza de tener soluciones siempre al alcance de la mano, sin prever que se le volverá en contra porque no es otro más que él quien toma las decisiones. “La agencia”, entonces, es una organización ficticia que funciona como mecanismo de control de los sujetos (por eso suplanta a la noción de sociedad). Aunque Edipo quiera atribuirle toda la responsabilidad de lo que le pasa el culpable de sus malos actos será siempre él, porque son las voluntades individuales el único lugar donde el poder no puede intervenir.
Lo vincular-afectivo es el núcleo conflictual a través del que avanza lo textual. La necesidad de relacionarse del personaje principal es lo que lo lleva a la crisis de ese mundo en el que se ha instalado, donde sus relaciones siguen siendo fallidas (algo hace sospechar que ese fue uno de los principales motivos por los que delega su vida a “la agencia”). Haciendo honor de su homónimo griego, cometerá exceso, caerá en él, y esto lo llevará a su destrucción.
Es de destacar el buen dominio de la voz del actor en escena, logrando llevar  adelante dos personajes simultáneos que se diferencian precisamente por este rasgo. La interacción con los personajes que aparecen en la proyección irá trazando el terreno dramático de la obra, generando así diferentes climas.
Más allá de la maravillosa ejecución de lo técnico-visual de la puesta, de lo meticulosamente cuidado de lo estético, sin duda, el elemento que da cohesión a todos los otros, que ancla la obra y sobre el que el espectador más aprecia el trabajo realizado es el de el único actor en escena, no solo por su oficio sino también por esa ancestralidad del teatro que se enraíza en el encuentro en presencia entre el cuerpo que se ofrece en actuación y el que se ofrece en mirar.
Por eso la remisión a la tragedia. Por eso Edipo: toda acción tiene consecuencia. Para el héroe griego clásico fue el destierro, que en sí mismo era una muerte. “Fuera de la polis, nada”. Para este hombre futurista “fuera de la materia, nada”. A él también lo esperan similares consecuencias; más crueles que las de su predecesor. No lo reclama la tierra. No lo espera el cielo.  No lo anhela ni recuerda nadie.

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