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lunes, 15 de julio de 2013



-Crítica Teatral.-

"Entre Nos"

(fotos de Carolina Niklison)

-Ficha Técnica.-
Dirección: Quique Maillier.-
Actrices: Marisa Guirado- Susana Meynet.-


Vista: jueves 4 de julio de 2013.- Sala Cervantes. Centro Cultural ATE Casa España.-
En el ciclo “Los jueves me quedo en casa”.-
-Como si la vida fuera una receta.-

Lo cotidiano está lleno de espacios y momentos comunes que de tanto frecuentarlos se vuelven casi invisibles, bastando que suceda algo diferente, por pequeño que sea, para redescubrir  mágicamente que todo eso alrededor, al igual que las personas, puede cambiar de un segundo a otro. Como quien acostumbra frecuentar, por ejemplo, una plaza, buscando un poco de aire a su quehacer diario. Así, uno de estos lugares puede ser la excusa perfecta para el encuentro de dos mujeres, que si bien no tienen nada que ver una con la otra, terminarán por desandar los caminos de su vida en una charla en la que la que no dejarán rincón sin recorrer.
Leonor es ama de casa. Se casó joven con el único novio que tuvo y formó una familia con hijos, auto, mascota y todo. Años más tarde se da cuenta que dedicó tantos años a perpetuar los valores que su propia madre le inculcó, descubriendo con angustia que ser mujer no termina en ser esposa, madre y amante. Por otro lado está Laura, soltera, jefa de sección de un banco, vive en un departamento y sus únicos objetivos son mantenerse joven y bella, y disfrutar sin compromisos, lo cual no evita que por momentos se sienta sola y vacía. Será entonces, cuando ambos mundos choquen y se contrapongan, que se abrirá ante estas dos mujeres una nueva oportunidad para ver la vida de otro color.
El espacio en herradura o semicírculo dispone la escena de manera cuasi frontal al público, manteniendo la separación de estos con los actores aunque haya proximidad. Esta decisión de puesta tiene que ver con las temáticas que aborda la obra (en las que cualquiera se podría ver reflejado) pero más importante aún por los mínimos requerimientos escenográficos que tiene.
Un banco de plaza es el único elemento escenográfico. Espacialmente cierra la escena a foro dejando como entrada y salida el lateral derecho, liberando el espacio hacia adelante. Toda la obra sucede hacia público, estando siempre las dos actrices en personaje. También sirve como dispositivo a través del que se generan la mayoría de los juegos textuales debido a que las actrices accionan constantemente sobre él, ya sea sentándose, rodeándolo, alejándose de él, etc.
Las actrices se entregan al juego de la actuación con avidez de disfrutarlo y al mismo tiempo generar en el espectador la misma sensación. Salvaguardando detalles técnicos como la voz (por momentos inaudible; búsqueda de distintos matices e inflexiones) o el ritmo del texto (que se pierde cuando hay una pausa larga en la respuesta de una a la otra) es un buen trabajo general que consigue su cometido: producir distintos climas a través del relato de estas dos mujeres que contando sus desventuras logran superar sus tristezas, haciendo partícipe al público que no querrá perderse ni un solo detalle.
“Desde que yo me acuerdo estamos en crisis” dice Leonor cuando llegan por casualidad a hablar del dinero y la política. Algo hace sospechar que también es aplicable a todos los demás temas que aparecen en su conversación: el matrimonio, el sexo, el amor, la niñez, la pérdida de la juventud, la soledad, los sueños truncados, etc. Este mismo encuentro se encargará de poner en jaque sus creencias más profundas y así ambas saldrán transformadas.
Si se comparase la vida con un libro de recetas de cocina sería evidente que algunas personas las prueban todas al azar, no pudiéndose decidir con cual quedarse. Otros leen página por página pero siempre volviendo al índice y no haciendo nada al final.  También están los que solo conocen una forma de cocinar y la repiten siempre tal cual, sin cambiar ningún ingrediente en lo más mínimo. Las menos de las veces, existe gente que vive sin receta alguna, creyendo que es lo mejor. Lo cierto es que cada quien elige pretendiendo con ello asegurarse la mayor felicidad posible. Leonor y Laura llegarán a la conclusión de que no hay recetas infalibles, que por suerte cada quien puede “escribir” su propia forma de vivir y que nunca es tarde cuando se trata de ser feliz.

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