Vistas de página en total

jueves, 4 de julio de 2013

Espacio de Crítica


- Crítica Teatral.- 


Vista: 14-Junio-2013.-  Sala Cervantes. Centro Cultural ATE Casa España.-
En el ciclo  “Los jueves me quedo en casa”

-No hay lugar como el hogar.-

Reunidos todos en torno a la mesa. Así es como un domingo se debe pasar,  compartiendo con los afectos el día más sagrado de la semana. Y qué mejor que la casa paterna para llevarlo a cabo. Uno a uno los comensales van arribando y entre saludos y preguntas de rutina se van acomodando para ocupar su lugar  en esta especie de ritual que tiene como excusa la pasta del almuerzo. Esa mesa no será el punto de llegada sino el de partida ya que a medida que las conversaciones entre ellos vayan teniendo lugar no podrán evitar desplazarse, como si fueran de un lugar al otro de esa casa abriendo constantemente puertas que  quizás no puedan volver a  cerrar. Algunas de ellas se llaman “costumbres”, “vínculos afectivos”, “secretos”, “creencias” para llegar a la última que no tiene más que una sola pregunta  “¿Somos familia?”.
Será esta la principal indicadora del mundo ideológico sobre el que se pretende inferir, ya que indudablemente hay un estado de cosas que se quiebra y abre paso a una intriga por la que atravesarán los personajes durante la obra: “Lo que una familia es…”
La circularidad del espacio escénico tiene la intención de hacer partícipe al espectador no de forma directa pero si de forma implícita. Esto es, interpelarlo desde su lugar de “quien mira” sin que con esto se pierda el principio de separación entre ellos y los actores. Por otro lado, la remisión a lo ritual que este tipo de espacio tiene lleva por contigüidad a la tradicionalidad de los almuerzos de domingo en familia, centrándose en la mesa como dispositivo escénico  principal y organizador de la espacialidad.
La utilización de los recursos propios de la sala es otro factor que influye en esta disposición de espacio, ya que se emplea la puerta de acceso como ingreso del público  y la de los personajes luego por el mismo lugar, lo cual hace sentir al espectador como si fuera un invitado más a este almuerzo o al menos como si estuviera dentro de esa casa al momento en que todo sucede. Esta intención se ve enfatizada cuando uno de los personajes ocupa un lugar ubicado entre los espectadores a la vez que sigue presente en la escena.
La posibilidad de entrada y salida en un espacio que naturalmente no permite fugas genera dos dinámicas en los movimientos escénicos: de concentración y de dispersión, ambas estrechamente ligadas al ritmo textual  y al trabajo del actor sobre este, dando lugar a las diversas situaciones que se van sucediendo y a los diferentes “climas”  de la obra.
En este punto es importante destacar el muy buen manejo que los actores tienen sobre el ritmo del texto que logra tanto momentos cómicos como así también más profundos y reflexivos, haciendo una pequeña salvedad en determinadas ocasiones que es precisamente cuando este aspecto toma demasiado impulso, acelerando la escena de tal forma que algunos detalles textuales o sensibles se pierden o no pueden alcanzar el máximo efecto buscado. Sin embrago, resulta un buen trabajo general  en lo actoral sobre la caracterización de personajes y su desenvolvimiento escénico.
La obra transita los espacios de incomodidad que toda familia tiene y logra reírse de ciertas cosas que aunque rara vez se discutan están siempre subyacentes, esperando el momento para salir a la luz. Será el sinceramiento de los personajes la puerta por la que eso que no debe ser dicho se escurra y ya no podrá ser ocultado jamás.

-Familia… ¿quién inventó tal cosa?-
El paradigma sobre el que este texto dramático trabaja es el de familia en un determinado contexto histórico y social, haciendo una contraposición con los presupuestos que rigen “lo que debe ser” con lo “que en realidad es”. Es esta discusión la que el director retoma y sobre la que enfoca los sentidos de la obra. Esto provoca que el espectador, necesariamente, realice una re-lectura que implica su identificación o no con lo que ve  así como también que produzca una actualización de esos sentidos.
Dicho de otro modo, las elecciones que el director hace sobre el tratamiento de los conflictos muestran al espectador la superación que tienen hoy determinadas temáticas exponiéndolas escénicamente como situaciones “problemáticas”, como ser, la homosexualidad de un hijo, el no poder ser madre y/o padre siendo heterosexual porque alguno de los dos es estéril, la militancia y la ideología política, etc. En un contexto actual, estas cosas ya no están más “bajo el tapete” ni son motivo de descalificación o vergüenza, lo cual marcaría un fracaso de una familia como tal, de hecho estas cosas son tomadas como conquistas sociales y están directamente actuando sobre la desestructuración de la norma en la denominación histórica de “familia”.
Incluso haciendo a un lado esto último, la obra viene a preguntarse qué constituye a una familia esencialmente. ¿Es seguir las tradiciones? ¿Es la convivencia en perfecta armonía de un grupo de personas unidas por un afecto mutuo aunque en el fondo guarden rencores los unos con los otros? ¿Es una receta de cómo vivir en sociedad? ¿Es un grupo de personas ligadas por un linaje sanguíneo? ¿O es un mero capricho de alguien que dijo que las familias deben existir y nada más?
El espectador pasará un momento ameno junto a estos personajes que buscan constantemente esa respuesta que quedará escondida bajo reproches, risas, llantos, idas y venidas, hasta llegar a la conclusión de que “cada familia es un mundo” y el de esta en particular queda expuesto, sin secretos, tendido sobre esa mesa en un almuerzo más de domingo.-

No hay comentarios:

Publicar un comentario