-Crítica
Teatral: "Deliciosas Criaturas Perfumadas".-
Vista: Viernes 10 de Mayo de 2013-Sala: La treinta sesenta y ocho.-
- Los zapatos rojos
de Judy, los diamantes de Marilyn, los ojos de Bette.-
Un espacio amplio y totalmente despojado es lugar suficiente
para que aparezcan algunos personajes. Se presentan de a uno. Todos ellos vistiendo
de negro al principio. Ejecutan movimientos mecánicos, se desplazan por toda la
escena, producen tensiones y relajación en su cuerpo a medida que el ritmo
musical que los acompaña les da el impulso para hacerlo. La palaba hablada no
interviene en este juego. Producen equilibrios y desequilibrios en el lugar que
ocupan, y aunque no interactúan todavía no se los puede dejar de percibir por
individual pero a la vez en conjunto. La presentación termina. A continuación
el color blanco pasa a tener protagonismo mientras dos cuerpos luchan en la
cercanía y la distancia, hacen acrobacias, intentan explotar de energía. Fin de la pelea. De ahora en más los colores
brillantes se adueñarán del espacio. Y cual fotografías se sucederán las
situaciones, una tras de otra, contando una historia a veces, mostrando una
imagen independiente en otras, una postal de viaje o póster de cine clásico.
De eso se trata “Deliciosas criaturas perfumadas”: unir lo
visual, auditivo y perceptivo, a partir de extremar esos elementos para dar
forma a un espectáculo humorístico, que al igual que el cuerpo de los actores
en la presentación, puede ser percibido
desde el fragmento o la totalidad.
Cada cuadro o sketch cómico se configura a partir de una
banda de sonido que va desde la música instrumental a canciones cantadas, las
que aparecen en mayor medida, dándose así las situaciones actorales, a veces de a
una canción por vez y otras uniéndose varias para formar un bloque, separados
ambos casos por un apagón que indica el fin de la situación y el paso a la
siguiente. Es precisamente en esa unión de cuadros conformando un bloque donde se
desarrollan historias en un sentido más “tradicional” (con principio, nudo,
desarrollo y final) que se acostumbra en el teatro de texto.
Los actores emplean
la fonomímica como registro, esto es, acción mimada a partir de un
estímulo musical al tiempo que se sincronizan los labios con la voz del
cantante para que parezca que es el actor quien está emitiendo el sonido, lo que les permite también parodiar la canción,
voz grabada o pieza instrumental que les exige un control y precisión corporal,
y auditivo importante.
Por otro lado, la actuación se complementa a partir del
vestuario, el maquillaje e iluminación,
elementos primordiales sobre los que está anclada la puesta y que terminan de
configurarlo como un espectáculo cuyo rasgo principal es la implementación de
la estética del transformismo a partir del cual encuentra sus matices, su
imaginario y formas.
Pensar este tipo de propuesta escénica en términos de “show
de transformismo” automáticamente lo
posicionaría en la vereda de en frente a una acepción culturalmente
naturalizada de lo que “el teatro debería ser”, quitándole así toda posibilidad
de ser pensada en términos teatrales, cuando en realidad hay algo en su
concepción y sobretodo en la realización que está más cerca de esto último que
de lo primero.
-Ser o no ser…esa es
la cuestión.-
A partir de la segunda mitad del siglo XX en países como
Inglaterra y Estados Unidos, primero en uno y luego en otro, se desarrolla un
movimiento artístico caracterizado por recuperar imágenes de la cultura popular
y de las sociedades de consumo: el Arte Pop o Pop Art, pasando a ser la materia prima de diferentes expresiones
relacionadas a lo artístico, como fue el caso de las artes plásticas, cuyo
exponente de más renombre fue sin dudas el estadounidense Andy Warhol.
Así también, se reconocen como hijos directos de esta
concepción artística los Drag Queens: hombres que caracterizan una apariencia femenina con el
objeto de expresar una visión artística del mundo. En la actualidad se ha
expandido hacia otros países, sobretodo Latinoamérica, aunque ya no está tan
presente la idea de un estamento o
concepción de arte, sino que emula a grandes figuras del cine, la televisión y
la música desde una actividad performática que se lleva a cabo en boliches,
bares, etc.
En cierta forma, la propuesta que Osvaldo Pettinari
hace desde la dirección, tiene que ver
con alguno de esos aspectos del Arte Pop,
ya que la elección de la banda sonora, el vestuario y ciertos personajes que aparecen en escena (como
la rubia icono sexual de los años 50 cuyos mejores amigos son los diamantes) no
son casuales, que si bien tienen una fuerte relación con la historia de una
generación, pertenecen a un imaginario universal, fácilmente reconocible por el
colectivo popular. Por eso mismo, los personajes que aparecen en escena son
frescos, propios de las situaciones cómicas que se plantean, pero remiten al
brillo del cine clásico hollywoodense así como también el nacional.
Con el Drag Queen comparte
el maquillaje, que es fuertemente teatral e inequívocamente remite a un rostro
femenino. En cuanto al aspecto
performático, este espectáculo va un poco más allá al utilizar el medio teatral como forma de
condensarse y de llegar a otro público: la puesta no se hace en bares, se hace
en una sala de teatro; los actores trabajan con registros y técnicas
pertenecientes a la disciplina teatral; la definición del espacio pertenece al
teatro (caja blanda a la italiana). En síntesis, el transformismo es utilizado
aquí como código que habilita lenguajes y lecturas dentro de una estructura
teatral que enmarca la puesta en su globalidad.
Los destellos de glamour acompañados por el humor son el
condimento perfecto para este espectáculo que propone visitar lugares,
situaciones, personajes imprevisibles, que juega con un mundo nuevo con guiños
del que todos conocemos y se asegurarán
que lo recorramos deliciosamente en tanto ese viaje de placer dure.

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