-Crítica Teatral.-
"Los Puros (una noche de amor) "
Vista: jueves 1 de agosto de 2013.- Sala Cervantes- Centro Cultural ATE
Casa España.
En el ciclo “Los Jueves me quedo en casa”.
Hasta el último
suspiro.-
La espera es una cualidad humana; en ninguna parte de la naturaleza
existe tal cosa. Su completa existencia se basa en la postergación de lo
anhelado, de la felicidad, de la libertad, de los deseos. Por lo tanto es una
construcción cultural. Es así que en algunos casos la vida misma se convierte
en la prolongación del tiempo antes de la llegada de la última exhalación.
Cualquier intento de acortar esa espera es un pecado contra la humanidad entera,
no importa la situación, ni los argumentos, es un acto prohibido.
“Los puros-una noche
de amor-” es una imaginación en formato teatral en torno a un hombre y una
mujer a los que las atrocidades de la vida ha llevado a sentir que cada momento
es una espera interminable, la que afrontan teniendo como único sostén el
amor mutuo, aunque al final lo único por
lo que pedirán será por libertad.
Es esta espera (planteada como intriga) la que genera el
avance lineal de la historia, donde aparecerán sus recuerdos, fotografías de su
vida cotidiana, momentos de profunda sensibilidad e ironía.
Estéticamente, la obra se desdobla de lo real a lo astral u
onírico, es decir, propone escénicamente dos planos: en uno viven él y ella; en el otro un personaje “de humo”,
el cual los circunda sin que ellos lo sepan.
De manera similar a los de Roberto Arlt en “300millones”, la
función de este personaje es la de intervenir para enfatizar las emociones de
los otros en determinadas situaciones, siendo su característica más importante referenciar
a mundos externos al de esta obra, o lo que se conoce comúnmente como
intertextualidad.
Una (entre tantas) de
las referencias que el público podría hacerse sobre este personaje está en las
leyendas al norte de Europa, en Irlanda más precisamente, donde
hay relatos de una entidad espectral a la que se le atribuye la
capacidad de anunciar el peligro e incluso la muerte con su canto; se lo llama
“Banshee”.
Cuando la vida pierde sentido el ser humano ve como toda
lógica se desintegra poco a poco. La cabeza, que no tiene respuestas, busca su
válvula de escape y es allí donde aparece el mundo de los sueños o de las
fantasías. La irracionalidad del dolor tanto físico como espiritual prolongado
que sufren él y ella es lo que habilita dramáticamente a ese personaje de humo
y a ese plano que viene con él a aparecer.
La integración de este elemento disparador de sentidos es
interpretado por una cantante en vivo, siendo trabajado tanto desde la
corporalidad de la vocalista en la forma de trasladarse por el espacio
hasta el vestuario y el maquillaje. Al
mismo tiempo, a nivel escénico, es un elemento disruptivo, es decir, instala
con su presencia un nuevo tiempo, espacio,
juego, etc. que corta con la linealidad con la que se venía
desarrollando anteriormente la historia aunque su efecto es el de acentuar el clima
dramático generado hasta el momento de su aparición. La iluminación y el sonido
la acompañan ya que son utilizados para hacer presente el antes mencionado
plano astral u onírico.
Visualmente, los tonos rosa y verde de la iluminación
transmiten un espacio con bruma, vaporoso, por momentos asfixiante, hostil,
mientras que los sonidos agudos, acompasados, generan tensión, expectativa, miedo.
La aplicación del maquillaje encuentra buena resolución a pesar de pequeños
detalles relacionados a la disposición espacial: por la cercanía del público a
veces se percibe el maquillaje como artificio mientras que la intención es claramente
la contraria.
La voz potente de la cantante hace vibrar el cuerpo del
espectador y a medida que la obra transcurre, su semblante de belleza se
convierte en amenazador, por lo que el público puede presentir que, al igual
que el Banshee de la mitología, su canto es un anuncio trágico.
Por otro lado los actores generan diversos climas a través
del buen manejo del ritmo textual lo que transmite al espectador la sensación y
el peso de la espera, al tiempo que enfatizan algunos rasgos de sus personajes:
en él, su paciencia y devoción; en ella, su fortaleza e ironía.
Mientras que el
trabajo del actor logra condensar los aspectos sensibles del texto a través de las imágenes en los relatos que desarrolla a
lo largo de la obra, la actriz consigue
maravillosamente la corporalidad de una mujer postrada a la vez que matiza los diálogos con
inflexiones en la voz respondiendo a veces con dulzura para luego dar paso a la
mordacidad y acidez en su decir.
Correr del eje el prejuicio sobre una práctica prohibida
culturalmente y acentuar lo dramático en una poética de la espera producen en
el espectador ternura y compasión pero también momentos de gran crudeza; una
experiencia que confronta los cimientos morales altamente arraigados de toda
una sociedad, haciendo mella en cada persona
del público que llega a preguntarse “si acaso fuera yo quien estuviera en ese
lugar ¿no sería justo mi pedido de libertad?”. Es entonces, hacia el final,
cuando el mayor efecto sucede: el entendimiento.

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