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miércoles, 21 de agosto de 2013



-Crítica Teatral.-

(Fotos de Carolina Niklison)

Vista: 25 de Julio de 2013. Sala Cervantes- Centro Cultural ATE Casa España.
En el ciclo “Los jueves me quedo en casa”.


-Noche Rococó.-

Una vez más, el sacerdote inicia el ritual. Las puertas del universo se abren y todo puede suceder. La escena, esta vez, retrocede en el tiempo  a una corte francesa del siglo XVIII, con su estilo rococó.  Diversos personajes aparecen  haciendo gala de color, brillo y humor. Esta es la noche de divas, bailarinas, coristas y mucho rosa.
Las posibilidades que ofrece la estética de la sala  complementan la estética propia de la obra, incluso se corresponden. Así mismo, la adaptación espacial encuentra buena resolución, siendo la decisión de mantener las características propias del espacio en el que se hace la puesta  (paredes rosa con detalles en dorado; salida por izquierda; arañas doradas) como recursos escénicos. De esta forma, los cuadros, los lenguajes escénicos e incluso los personajes encuentran una nueva dimensión al potenciarse los efectos visuales como la luz, el vestuario y el maquillaje.
En una obra de estas características, donde el sonido constituye el elemento principal para la actuación, ya que los actores trabajan la fonomímica, la coordinación es fundamental. El “timing” o sincronización entre las acciones y la música es preciso a la vez que efectivo, lo cual produce un clima de comicidad en el cual el espectador ingresa inmediatamente.
Las canciones utilizadas para los cuadros en los que se sucede la obra tienen, en su mayoría, una letra. Este es el elemento que se retoma y se modifica para darle un nuevo sentido que es paródico, es decir, se generan situaciones humorísticas que van por el lado contrario al sentido amoroso, solemne, sensible de la pieza musical. Estas, al ser una sucesión, no son lineales por lo que, en un sentido estricto, no configuran una única historia que avanza sino varias, como fragmentos que muestran diversos personajes en determinadas circunstancias que encuentran una resolución rápida a un conflicto.
Un cuerpo presente, enfocado, preciso marca la diferencia en una puesta donde no está todo cerrado en lo visual, ya que  es finalmente el actor quien debe articular (completar) los lenguajes escénicos, ya sea desde el juego  coreográfico o la caracterización de personaje, para que le sea posible al espectador, no solo disfrutar sino también entrar a esos mundos que se proponen e incluso "imaginar" otros posibles escenarios para ellos . Por eso, cuando la diva de blanco entra es una soprano y luego podría ser María Antonieta disfrutando de su opulencia una tarde cualquiera en el palacio de Versalles paseando a sus mascotas/súbditos.

Con el gran aplauso final del público que ha disfrutado de sus delicias, las criaturas perfumadas culminan una velada donde se brindaron en su máximo esplendor con la frescura y el humor que las caracteriza.

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